
Mikel Arteta desveló un detalle significativo tras la derrota de Arsenal en la final de la UEFA Champions League en Budapest, resuelta en los penaltis ante Paris Saint‑Germain: el central Gabriel pidió lanzar el último disparo. “Gabriel quería tirar el último penalti”, explicó. “Entrenamos para ese momento”. Una confesión que habla de preparación y carácter en un partido decidido por márgenes mínimos.
Declan Rice salió en defensa de los dos compañeros que fallaron desde los once metros y confirmó que Gabriel y Eze estaban “destrozados” en el vestuario, pero que cuentan con el respaldo total del grupo. “Es duro fallar un penalti en una final de Champions, obviamente no es agradable”, dijo. “Pero los queremos y estamos con ellos. Pasa en el fútbol y no serán los últimos en fallar en una final”.
El mediocampista subrayó que la contribución de ambos durante una “temporada increíble” no puede reducirse a un solo instante. “Sin esos dos no habríamos ganado la Premier League, seguro. Me faltan palabras para describir a Gabriel como persona y jugador. Eze nos dio goles cruciales esta temporada”. El mensaje de Rice fue de perspectiva, gratitud y unidad ante un desenlace cruel.
Sobre la derrota en los penaltis, Rice reiteró que la tanda “es una lotería”. “Ganamos juntos y perdemos juntos. Estoy hundido, pero intento ver el conjunto. Ha sido un viaje increíble. Volveremos”, afirmó con tono de líder que busca transformar el dolor en progreso.
La aclaración de Arteta sobre los roles ensayados evidencia la meticulosidad de Arsenal incluso en el tramo más tenso de la final. Los jugadores conocían su orden, su responsabilidad y la confianza del cuerpo técnico. Que Gabriel se ofreciera para el disparo decisivo habla tanto de personalidad como de trabajo en el campo de entrenamiento.
En el entorno del partido se debatió sobre decisiones arbitrales y se elogió la resiliencia del PSG de Luis Enrique, que encadena títulos europeos. Dentro del vestuario gunner, la mirada se centró en la responsabilidad colectiva y el panorama general: una campaña que recuperó la supremacía doméstica y llevó a un gigante europeo al límite.
El parón será corto y las lecciones, inmediatas. Arsenal revisará su plan de penaltis, su liderazgo y las acciones a balón parado no para buscar culpables, sino para afilarse. Con la claridad de Arteta y la voz unificadora de Rice, los londinenses dejan Budapest con dolor, sí, pero también con fe renovada en su techo competitivo.