
Si hay un marcador que define el duelo entre Crystal Palace y Everton es el 0-0. Es el resultado más repetido entre ambos y en Selhurst Park se ha dado siete veces. El patrón habla de márgenes mínimos y pocos espacios, aunque el cara a cara favorece a los Toffees: en los últimos 35 enfrentamientos suman 17 victorias por solo 6 de Palace (12 empates), con un balance goleador de 53-35. Incluso en Londres, Everton mantiene ventaja: en las últimas 18 visitas, ganó 7, perdió 3 y empató 8 (18-16 en goles).
La pasada temporada confirmó esa tendencia. Everton ganó los dos partidos por 2-1, en casa y fuera, encontrando fisuras en un duelo que suele resistirse. Esa doble victoria añade un componente psicológico: Palace debe revertir el último antecedente y una historia que le es adversa.
La clave más sugerente está en el reloj. Palace es más letal justo antes del descanso: el 31% de sus goles ligueros llega entre los minutos 31 y 45, el porcentaje más alto del campeonato. Tras el entretiempo cae su producción: solo el 3% llega entre el 46 y el 60. Traducido: el rugido de Selhurst antes del descanso es una amenaza real y medible. Si Everton neutraliza ese tramo, el duelo tiende a la parsimonia que históricamente le favorece.
Se perfila un partido de paciencia, posiciones y detalles. Las acciones a balón parado y las segundas jugadas pueden pesar mucho, mientras que el primer gol suele ser decisivo en una rivalidad acostumbrada a las porterías a cero. La ruta de Palace es clara: capitalizar su pico previo al descanso y obligar a Everton a perseguir. Si los Toffees sobreviven a ese oleaje y ralentizan el ritmo tras la reanudación, su historial—en general y como visitante—apunta a oportunidad.
Conclusión: pocos goles y márgenes estrechos. Un 0-0 encaja con el libreto, pero un triunfo visitante por la mínima también. Miren los tramos 31-45 y 46-60: ahí puede resolverse un duelo que rara vez concede demasiado.