
Hull City regresó por fin a la England Premier League y lo hizo con un protagonista claro: Oli McBurnie, aclamado como el “fichaje del año”, que firmó el momento decisivo de un duelo áspero y reñido. Es el primer ascenso del club desde la temporada 2016-17 y el premio a una hoja de ruta basada en resiliencia, oficio y un ‘9’ que ofreció exactamente lo que exigía el tramo final.
El impacto de McBurnie fue mucho más allá del gol. Como señaló un analista, puede que no encaje en el modelo estadístico de moda —“ya no tiene 23 años”—, pero su experiencia quedó patente en cada choque: bajó balones, soportó golpes y dominó por arriba. Tras la salida de Belloumi, todos coincidían en que era el más probable para decidir; y el desenlace, cómo no, llevó su firma.
El exdefensa del Hull Curtis Davies subrayó el vínculo con la grada y definió a McBurnie como un “héroe de culto”. Un estatus ganado no solo por marcar, sino por ese trabajo silencioso que sostiene victorias: presionar, ganar segundas jugadas y ofrecer una salida bajo presión. En noches de márgenes mínimos, esos detalles inclinaron la balanza.
El reverso de la moneda fue Middlesbrough. Señalado a inicios de curso como candidato al ascenso directo, acabó quinto. Tras caer ante Southampton FC creyó haber dicho adiós al play-off, hasta que el caso Spygate le dio una segunda oportunidad. El impulso, sin embargo, no alcanzó para el sueño final. Para colmo, el verano apunta a ser movido: su figura Hayden Hackney podría emigrar a la Premier.
Tácticamente, el Hull explotó virtudes: McBurnie como referente para liberar a los llegadores, balón parado para encerrar al rival y una gestión de los últimos minutos pragmática, más directa tras la marcha de Belloumi. La mezcla de juventud y experiencia sostuvo al equipo cuando quemaba el balón.
Ahora, la mirada se posa en el reto de la élite: velocidad por fuera, profundidad en los laterales y competencia en la sala de máquinas serán prioridades del mercado. Con McBurnie como faro, la columna vertebral ya muestra credenciales para competir. El ascenso no solo cierra un ciclo; inaugura otro para un Hull City que vuelve a sentirse grande.